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lunes, 3 de noviembre de 2008

Paludismo

¿Qué es?

Se trata de una infección por un parásito del tipo protozoo llamado plasmodium. Existen más de 100 especies de plasmodios que presentarán unas características similares y otras diferentes entre sí.

En España se recogen entre 200 y 230 casos anuales de paludismo. Se estima que existen cerca de 300 millones de casos cada año. En todo el mundo las muertes al año se sitúan en alrededor de los 2,5 a 3 millones de personas, la gran mayoría corresponden al continente africano y el resto a la India, Sri Lanka y Brasil.

¿Cómo se produce?

La infección se produce a través de una especie concreta de mosquito denominado Anopheles. Así la aparición de la enfermedad en los distintos lugares del mundo va a ir ligada a la relación entre el mosquito y el parásito.

El mosquito llevará en sí una forma evolutiva del parásito que tras la picadura en el humano será inoculada en el torrente sanguíneo. Posteriormente el protozoo pasará a las células del hígado de forma que se introducirá en ellas donde pasaran a una forma evolutiva más madura. Esta fase podrá ser más larga o más rápida en función del subtipo de plasmodium que sea. Posteriormente el parásito pasará de nuevo a la sangre invadiendo los propios glóbulos rojos de la sangre donde tras 48-72h de maduración salen de nuevo de los glóbulos rojos destruyéndolos. Algún subtipo de plasmodium produce en ocasiones la adhesión de los glóbulos rojos a las paredes de los vasos produciendo obstrucciones en el paso de la sangre y fenómenos de falta de riego en órganos como el corazón o el cerebro.

Se conocen casos de transmisión congénita y por transfusión sanguínea o el uso de agujas contaminadas.

Sintomatología

El período de incubación de la enfermedad varía entre 8 y 30 días. En todas las especies de plasmodium, la sintomatología está caracterizada por la clásica crisis febril palúdica que consiste en un cuadro que comienza con unas horas de malestar general, dolor de cabeza y molestias musculares, para posteriormente aparecer escalofríos con intensa sensación de frío, que requiere cubrirse con abundante ropa, coincidiendo cuando los parásitos rompen los glóbulos rojos y escapan hacia la sangre. Tras este periodo que dura de 15 a 60 minutos, aparece el período febril, con enrojecimiento facial, piel seca y elevación de la temperatura que pueden alcanzar hasta los 41 °C. Este episodio suele durar 2-6 h y durante esta fase es posible que los parásitos invadan otros glóbulos rojos. El tercer período se caracteriza por gran sudación, descenso de la temperatura, abatimiento y somnolencia. Este período suele durar 2-4 h. Esta sintomatología se repetirá por ciclos de 48-72 horas según el subtipo de plasmodium.

El paciente podrá presentar síntomas más inespecíficos derivados de la anemia producida por la destrucción de glóbulos rojos, así podrá presentar síntomas como cansancio, palidez, taquicardia, coloración amarillenta de la piel entre otros. En la exploración física se evidenciarán agrandamiento del bazo y del hígado.

Existe un tipo de plasmodium muy agresivo denominado Plasmodium falciparum que con frecuencia produce complicaciones en otros órganos, en muchas ocasiones debidas a un fenómeno de falta de riego. Así puede producir alteraciones a nivel cerebral, del riñón, alteraciones de la coagulación, bajo azúcar en la sangre, entre otros.

Diagnóstico

El diagnóstico se confirma mediante la visualización al microscopio de los parásitos dentro de los glóbulos rojos mediante diferentes técnicas. La más usada es la denominada como Gota gruesa, que consiste en obtener una muestra de sangre y analizarla al microscopio y permite conocer si existe infección malárica aunque no es capaz de diferenciar el subtipo. Para ello será necesaria una extensión de sangre teñida con diferentes colorantes y llevar a cabo un estudio microscópico más detenido.

Existen kits para el diagnóstico rápido de paludismo con bastante fiabilidad, sin embargo no distinguen bien el tipo de plasmodium y además suele ser casi siempre para detectar el subtipo Falciparum.

Se investigan otros procedimientos como la detección mediante técnicas de ingeniería genética del material del genoma del parásito, sin embargo este resulta un sistema poco económico.

En un análisis de sangre rutinario podremos encontrar un recuento de glóbulos rojos disminuido, y en ocasiones un aumento de glóbulos blancos. Aparecerá elevación de los niveles de LDH y Bilirrubina.

Tratamiento

La malaria por Falciparum siempre requerirá hospitalización. En general el tratamiento va a depender básicamente del área geográfica donde se ha producido la infección, dado que existirán regiones resistentes a unos tratamientos.

Normalmente, la cloroquina es el fármaco utilizado con más frecuencia, aunque no debe de emplearse en niños, ya que puede ocasionar efectos secundarios importantes, especialmente a nivel de la visión. Sin embargo en caso de infecciones resistentes a la cloroquina, se suministrará la quinidina o quinina que debe de utilizarse con precaución por sus efectos tóxicos, o la combinación de pirimetamina y sulfadoxina. Otro fármaco útil es la mefloquina, el cual tiene mínimos efectos secundarios y es efectivo frente a las cepas de Plasmodium Falciparum resistentes a la cloroquina.

Para prevenir recaídas de la enfermedad se utiliza fosfato de primaquina que además es especialmente útil para aquellos subtipos de plasmodium que tienen tendencia a permanecer latentes en el hígado, donde el resto de tratamientos tienen menos efectividad.

Medidas preventivas

Las medidas preventivas se van a basar en evitar la picadura del mosquito y la administración de fármacos antiparasitarios.

En general en las regiones del mundo donde existe paludismo la población puede haber desarrollado inmunidad frente a la infección, por ello será en aquellos visitantes procedentes de zonas sin malaria en los que la enfermedad se trasmitirá con más frecuencia. Por ello se recomienda el uso de fármacos antipalúdicos a aquellas personas que van a viajar a zonas con malaria. Se debe consultar con tiempo a su médico con el fin de comenzar el tratamiento 2 semanas antes de llevar a cabo el viaje e incluso mantener el tratamiento hasta 4 semanas después.

El tratamiento farmacológico empleado dependerá del área geográfica del viaje y la resistencia o no a cloroquina. En general el tratamiento incluirá los siguientes fármacos: mefloquina, atovaquona/Proguanil y doxiciclina.

Sin embargo las personas que reciben medicamentos contra el paludismo pueden infectarse. Por lo tanto, se debe evitar la picadura del mosquito usando mallas en las ventanas, repelentes contra insectos y prendas de vestir que cubran completamente manos y piernas
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Paludismo

¿Qué es?

Se trata de una infección por un parásito del tipo protozoo llamado plasmodium. Existen más de 100 especies de plasmodios que presentarán unas características similares y otras diferentes entre sí.

En España se recogen entre 200 y 230 casos anuales de paludismo. Se estima que existen cerca de 300 millones de casos cada año. En todo el mundo las muertes al año se sitúan en alrededor de los 2,5 a 3 millones de personas, la gran mayoría corresponden al continente africano y el resto a la India, Sri Lanka y Brasil.

¿Cómo se produce?

La infección se produce a través de una especie concreta de mosquito denominado Anopheles. Así la aparición de la enfermedad en los distintos lugares del mundo va a ir ligada a la relación entre el mosquito y el parásito.

El mosquito llevará en sí una forma evolutiva del parásito que tras la picadura en el humano será inoculada en el torrente sanguíneo. Posteriormente el protozoo pasará a las células del hígado de forma que se introducirá en ellas donde pasaran a una forma evolutiva más madura. Esta fase podrá ser más larga o más rápida en función del subtipo de plasmodium que sea. Posteriormente el parásito pasará de nuevo a la sangre invadiendo los propios glóbulos rojos de la sangre donde tras 48-72h de maduración salen de nuevo de los glóbulos rojos destruyéndolos. Algún subtipo de plasmodium produce en ocasiones la adhesión de los glóbulos rojos a las paredes de los vasos produciendo obstrucciones en el paso de la sangre y fenómenos de falta de riego en órganos como el corazón o el cerebro.

Se conocen casos de transmisión congénita y por transfusión sanguínea o el uso de agujas contaminadas.

Sintomatología

El período de incubación de la enfermedad varía entre 8 y 30 días. En todas las especies de plasmodium, la sintomatología está caracterizada por la clásica crisis febril palúdica que consiste en un cuadro que comienza con unas horas de malestar general, dolor de cabeza y molestias musculares, para posteriormente aparecer escalofríos con intensa sensación de frío, que requiere cubrirse con abundante ropa, coincidiendo cuando los parásitos rompen los glóbulos rojos y escapan hacia la sangre. Tras este periodo que dura de 15 a 60 minutos, aparece el período febril, con enrojecimiento facial, piel seca y elevación de la temperatura que pueden alcanzar hasta los 41 °C. Este episodio suele durar 2-6 h y durante esta fase es posible que los parásitos invadan otros glóbulos rojos. El tercer período se caracteriza por gran sudación, descenso de la temperatura, abatimiento y somnolencia. Este período suele durar 2-4 h. Esta sintomatología se repetirá por ciclos de 48-72 horas según el subtipo de plasmodium.

El paciente podrá presentar síntomas más inespecíficos derivados de la anemia producida por la destrucción de glóbulos rojos, así podrá presentar síntomas como cansancio, palidez, taquicardia, coloración amarillenta de la piel entre otros. En la exploración física se evidenciarán agrandamiento del bazo y del hígado.

Existe un tipo de plasmodium muy agresivo denominado Plasmodium falciparum que con frecuencia produce complicaciones en otros órganos, en muchas ocasiones debidas a un fenómeno de falta de riego. Así puede producir alteraciones a nivel cerebral, del riñón, alteraciones de la coagulación, bajo azúcar en la sangre, entre otros.

Diagnóstico

El diagnóstico se confirma mediante la visualización al microscopio de los parásitos dentro de los glóbulos rojos mediante diferentes técnicas. La más usada es la denominada como Gota gruesa, que consiste en obtener una muestra de sangre y analizarla al microscopio y permite conocer si existe infección malárica aunque no es capaz de diferenciar el subtipo. Para ello será necesaria una extensión de sangre teñida con diferentes colorantes y llevar a cabo un estudio microscópico más detenido.

Existen kits para el diagnóstico rápido de paludismo con bastante fiabilidad, sin embargo no distinguen bien el tipo de plasmodium y además suele ser casi siempre para detectar el subtipo Falciparum.

Se investigan otros procedimientos como la detección mediante técnicas de ingeniería genética del material del genoma del parásito, sin embargo este resulta un sistema poco económico.

En un análisis de sangre rutinario podremos encontrar un recuento de glóbulos rojos disminuido, y en ocasiones un aumento de glóbulos blancos. Aparecerá elevación de los niveles de LDH y Bilirrubina.

Tratamiento

La malaria por Falciparum siempre requerirá hospitalización. En general el tratamiento va a depender básicamente del área geográfica donde se ha producido la infección, dado que existirán regiones resistentes a unos tratamientos.

Normalmente, la cloroquina es el fármaco utilizado con más frecuencia, aunque no debe de emplearse en niños, ya que puede ocasionar efectos secundarios importantes, especialmente a nivel de la visión. Sin embargo en caso de infecciones resistentes a la cloroquina, se suministrará la quinidina o quinina que debe de utilizarse con precaución por sus efectos tóxicos, o la combinación de pirimetamina y sulfadoxina. Otro fármaco útil es la mefloquina, el cual tiene mínimos efectos secundarios y es efectivo frente a las cepas de Plasmodium Falciparum resistentes a la cloroquina.

Para prevenir recaídas de la enfermedad se utiliza fosfato de primaquina que además es especialmente útil para aquellos subtipos de plasmodium que tienen tendencia a permanecer latentes en el hígado, donde el resto de tratamientos tienen menos efectividad.

Medidas preventivas

Las medidas preventivas se van a basar en evitar la picadura del mosquito y la administración de fármacos antiparasitarios.

En general en las regiones del mundo donde existe paludismo la población puede haber desarrollado inmunidad frente a la infección, por ello será en aquellos visitantes procedentes de zonas sin malaria en los que la enfermedad se trasmitirá con más frecuencia. Por ello se recomienda el uso de fármacos antipalúdicos a aquellas personas que van a viajar a zonas con malaria. Se debe consultar con tiempo a su médico con el fin de comenzar el tratamiento 2 semanas antes de llevar a cabo el viaje e incluso mantener el tratamiento hasta 4 semanas después.

El tratamiento farmacológico empleado dependerá del área geográfica del viaje y la resistencia o no a cloroquina. En general el tratamiento incluirá los siguientes fármacos: mefloquina, atovaquona/Proguanil y doxiciclina.

Sin embargo las personas que reciben medicamentos contra el paludismo pueden infectarse. Por lo tanto, se debe evitar la picadura del mosquito usando mallas en las ventanas, repelentes contra insectos y prendas de vestir que cubran completamente manos y piernas
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¿Qué es?

Se trata de una infección por un parásito del tipo protozoo llamado plasmodium. Existen más de 100 especies de plasmodios que presentarán unas características similares y otras diferentes entre sí.

En España se recogen entre 200 y 230 casos anuales de paludismo. Se estima que existen cerca de 300 millones de casos cada año. En todo el mundo las muertes al año se sitúan en alrededor de los 2,5 a 3 millones de personas, la gran mayoría corresponden al continente africano y el resto a la India, Sri Lanka y Brasil.

¿Cómo se produce?

La infección se produce a través de una especie concreta de mosquito denominado Anopheles. Así la aparición de la enfermedad en los distintos lugares del mundo va a ir ligada a la relación entre el mosquito y el parásito.

El mosquito llevará en sí una forma evolutiva del parásito que tras la picadura en el humano será inoculada en el torrente sanguíneo. Posteriormente el protozoo pasará a las células del hígado de forma que se introducirá en ellas donde pasaran a una forma evolutiva más madura. Esta fase podrá ser más larga o más rápida en función del subtipo de plasmodium que sea. Posteriormente el parásito pasará de nuevo a la sangre invadiendo los propios glóbulos rojos de la sangre donde tras 48-72h de maduración salen de nuevo de los glóbulos rojos destruyéndolos. Algún subtipo de plasmodium produce en ocasiones la adhesión de los glóbulos rojos a las paredes de los vasos produciendo obstrucciones en el paso de la sangre y fenómenos de falta de riego en órganos como el corazón o el cerebro.

Se conocen casos de transmisión congénita y por transfusión sanguínea o el uso de agujas contaminadas.

Sintomatología

El período de incubación de la enfermedad varía entre 8 y 30 días. En todas las especies de plasmodium, la sintomatología está caracterizada por la clásica crisis febril palúdica que consiste en un cuadro que comienza con unas horas de malestar general, dolor de cabeza y molestias musculares, para posteriormente aparecer escalofríos con intensa sensación de frío, que requiere cubrirse con abundante ropa, coincidiendo cuando los parásitos rompen los glóbulos rojos y escapan hacia la sangre. Tras este periodo que dura de 15 a 60 minutos, aparece el período febril, con enrojecimiento facial, piel seca y elevación de la temperatura que pueden alcanzar hasta los 41 °C. Este episodio suele durar 2-6 h y durante esta fase es posible que los parásitos invadan otros glóbulos rojos. El tercer período se caracteriza por gran sudación, descenso de la temperatura, abatimiento y somnolencia. Este período suele durar 2-4 h. Esta sintomatología se repetirá por ciclos de 48-72 horas según el subtipo de plasmodium.

El paciente podrá presentar síntomas más inespecíficos derivados de la anemia producida por la destrucción de glóbulos rojos, así podrá presentar síntomas como cansancio, palidez, taquicardia, coloración amarillenta de la piel entre otros. En la exploración física se evidenciarán agrandamiento del bazo y del hígado.

Existe un tipo de plasmodium muy agresivo denominado Plasmodium falciparum que con frecuencia produce complicaciones en otros órganos, en muchas ocasiones debidas a un fenómeno de falta de riego. Así puede producir alteraciones a nivel cerebral, del riñón, alteraciones de la coagulación, bajo azúcar en la sangre, entre otros.

Diagnóstico

El diagnóstico se confirma mediante la visualización al microscopio de los parásitos dentro de los glóbulos rojos mediante diferentes técnicas. La más usada es la denominada como Gota gruesa, que consiste en obtener una muestra de sangre y analizarla al microscopio y permite conocer si existe infección malárica aunque no es capaz de diferenciar el subtipo. Para ello será necesaria una extensión de sangre teñida con diferentes colorantes y llevar a cabo un estudio microscópico más detenido.

Existen kits para el diagnóstico rápido de paludismo con bastante fiabilidad, sin embargo no distinguen bien el tipo de plasmodium y además suele ser casi siempre para detectar el subtipo Falciparum.

Se investigan otros procedimientos como la detección mediante técnicas de ingeniería genética del material del genoma del parásito, sin embargo este resulta un sistema poco económico.

En un análisis de sangre rutinario podremos encontrar un recuento de glóbulos rojos disminuido, y en ocasiones un aumento de glóbulos blancos. Aparecerá elevación de los niveles de LDH y Bilirrubina.

Tratamiento

La malaria por Falciparum siempre requerirá hospitalización. En general el tratamiento va a depender básicamente del área geográfica donde se ha producido la infección, dado que existirán regiones resistentes a unos tratamientos.

Normalmente, la cloroquina es el fármaco utilizado con más frecuencia, aunque no debe de emplearse en niños, ya que puede ocasionar efectos secundarios importantes, especialmente a nivel de la visión. Sin embargo en caso de infecciones resistentes a la cloroquina, se suministrará la quinidina o quinina que debe de utilizarse con precaución por sus efectos tóxicos, o la combinación de pirimetamina y sulfadoxina. Otro fármaco útil es la mefloquina, el cual tiene mínimos efectos secundarios y es efectivo frente a las cepas de Plasmodium Falciparum resistentes a la cloroquina.

Para prevenir recaídas de la enfermedad se utiliza fosfato de primaquina que además es especialmente útil para aquellos subtipos de plasmodium que tienen tendencia a permanecer latentes en el hígado, donde el resto de tratamientos tienen menos efectividad.

Medidas preventivas

Las medidas preventivas se van a basar en evitar la picadura del mosquito y la administración de fármacos antiparasitarios.

En general en las regiones del mundo donde existe paludismo la población puede haber desarrollado inmunidad frente a la infección, por ello será en aquellos visitantes procedentes de zonas sin malaria en los que la enfermedad se trasmitirá con más frecuencia. Por ello se recomienda el uso de fármacos antipalúdicos a aquellas personas que van a viajar a zonas con malaria. Se debe consultar con tiempo a su médico con el fin de comenzar el tratamiento 2 semanas antes de llevar a cabo el viaje e incluso mantener el tratamiento hasta 4 semanas después.

El tratamiento farmacológico empleado dependerá del área geográfica del viaje y la resistencia o no a cloroquina. En general el tratamiento incluirá los siguientes fármacos: mefloquina, atovaquona/Proguanil y doxiciclina.

Sin embargo las personas que reciben medicamentos contra el paludismo pueden infectarse. Por lo tanto, se debe evitar la picadura del mosquito usando mallas en las ventanas, repelentes contra insectos y prendas de vestir que cubran completamente manos y piernas
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Paludismo

¿Qué es?

Se trata de una infección por un parásito del tipo protozoo llamado plasmodium. Existen más de 100 especies de plasmodios que presentarán unas características similares y otras diferentes entre sí.

En España se recogen entre 200 y 230 casos anuales de paludismo. Se estima que existen cerca de 300 millones de casos cada año. En todo el mundo las muertes al año se sitúan en alrededor de los 2,5 a 3 millones de personas, la gran mayoría corresponden al continente africano y el resto a la India, Sri Lanka y Brasil.

¿Cómo se produce?

La infección se produce a través de una especie concreta de mosquito denominado Anopheles. Así la aparición de la enfermedad en los distintos lugares del mundo va a ir ligada a la relación entre el mosquito y el parásito.

El mosquito llevará en sí una forma evolutiva del parásito que tras la picadura en el humano será inoculada en el torrente sanguíneo. Posteriormente el protozoo pasará a las células del hígado de forma que se introducirá en ellas donde pasaran a una forma evolutiva más madura. Esta fase podrá ser más larga o más rápida en función del subtipo de plasmodium que sea. Posteriormente el parásito pasará de nuevo a la sangre invadiendo los propios glóbulos rojos de la sangre donde tras 48-72h de maduración salen de nuevo de los glóbulos rojos destruyéndolos. Algún subtipo de plasmodium produce en ocasiones la adhesión de los glóbulos rojos a las paredes de los vasos produciendo obstrucciones en el paso de la sangre y fenómenos de falta de riego en órganos como el corazón o el cerebro.

Se conocen casos de transmisión congénita y por transfusión sanguínea o el uso de agujas contaminadas.

Sintomatología

El período de incubación de la enfermedad varía entre 8 y 30 días. En todas las especies de plasmodium, la sintomatología está caracterizada por la clásica crisis febril palúdica que consiste en un cuadro que comienza con unas horas de malestar general, dolor de cabeza y molestias musculares, para posteriormente aparecer escalofríos con intensa sensación de frío, que requiere cubrirse con abundante ropa, coincidiendo cuando los parásitos rompen los glóbulos rojos y escapan hacia la sangre. Tras este periodo que dura de 15 a 60 minutos, aparece el período febril, con enrojecimiento facial, piel seca y elevación de la temperatura que pueden alcanzar hasta los 41 °C. Este episodio suele durar 2-6 h y durante esta fase es posible que los parásitos invadan otros glóbulos rojos. El tercer período se caracteriza por gran sudación, descenso de la temperatura, abatimiento y somnolencia. Este período suele durar 2-4 h. Esta sintomatología se repetirá por ciclos de 48-72 horas según el subtipo de plasmodium.

El paciente podrá presentar síntomas más inespecíficos derivados de la anemia producida por la destrucción de glóbulos rojos, así podrá presentar síntomas como cansancio, palidez, taquicardia, coloración amarillenta de la piel entre otros. En la exploración física se evidenciarán agrandamiento del bazo y del hígado.

Existe un tipo de plasmodium muy agresivo denominado Plasmodium falciparum que con frecuencia produce complicaciones en otros órganos, en muchas ocasiones debidas a un fenómeno de falta de riego. Así puede producir alteraciones a nivel cerebral, del riñón, alteraciones de la coagulación, bajo azúcar en la sangre, entre otros.

Diagnóstico

El diagnóstico se confirma mediante la visualización al microscopio de los parásitos dentro de los glóbulos rojos mediante diferentes técnicas. La más usada es la denominada como Gota gruesa, que consiste en obtener una muestra de sangre y analizarla al microscopio y permite conocer si existe infección malárica aunque no es capaz de diferenciar el subtipo. Para ello será necesaria una extensión de sangre teñida con diferentes colorantes y llevar a cabo un estudio microscópico más detenido.

Existen kits para el diagnóstico rápido de paludismo con bastante fiabilidad, sin embargo no distinguen bien el tipo de plasmodium y además suele ser casi siempre para detectar el subtipo Falciparum.

Se investigan otros procedimientos como la detección mediante técnicas de ingeniería genética del material del genoma del parásito, sin embargo este resulta un sistema poco económico.

En un análisis de sangre rutinario podremos encontrar un recuento de glóbulos rojos disminuido, y en ocasiones un aumento de glóbulos blancos. Aparecerá elevación de los niveles de LDH y Bilirrubina.

Tratamiento

La malaria por Falciparum siempre requerirá hospitalización. En general el tratamiento va a depender básicamente del área geográfica donde se ha producido la infección, dado que existirán regiones resistentes a unos tratamientos.

Normalmente, la cloroquina es el fármaco utilizado con más frecuencia, aunque no debe de emplearse en niños, ya que puede ocasionar efectos secundarios importantes, especialmente a nivel de la visión. Sin embargo en caso de infecciones resistentes a la cloroquina, se suministrará la quinidina o quinina que debe de utilizarse con precaución por sus efectos tóxicos, o la combinación de pirimetamina y sulfadoxina. Otro fármaco útil es la mefloquina, el cual tiene mínimos efectos secundarios y es efectivo frente a las cepas de Plasmodium Falciparum resistentes a la cloroquina.

Para prevenir recaídas de la enfermedad se utiliza fosfato de primaquina que además es especialmente útil para aquellos subtipos de plasmodium que tienen tendencia a permanecer latentes en el hígado, donde el resto de tratamientos tienen menos efectividad.

Medidas preventivas

Las medidas preventivas se van a basar en evitar la picadura del mosquito y la administración de fármacos antiparasitarios.

En general en las regiones del mundo donde existe paludismo la población puede haber desarrollado inmunidad frente a la infección, por ello será en aquellos visitantes procedentes de zonas sin malaria en los que la enfermedad se trasmitirá con más frecuencia. Por ello se recomienda el uso de fármacos antipalúdicos a aquellas personas que van a viajar a zonas con malaria. Se debe consultar con tiempo a su médico con el fin de comenzar el tratamiento 2 semanas antes de llevar a cabo el viaje e incluso mantener el tratamiento hasta 4 semanas después.

El tratamiento farmacológico empleado dependerá del área geográfica del viaje y la resistencia o no a cloroquina. En general el tratamiento incluirá los siguientes fármacos: mefloquina, atovaquona/Proguanil y doxiciclina.

Sin embargo las personas que reciben medicamentos contra el paludismo pueden infectarse. Por lo tanto, se debe evitar la picadura del mosquito usando mallas en las ventanas, repelentes contra insectos y prendas de vestir que cubran completamente manos y piernas
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¿Qué es?

Se trata de una infección por un parásito del tipo protozoo llamado plasmodium. Existen más de 100 especies de plasmodios que presentarán unas características similares y otras diferentes entre sí.

En España se recogen entre 200 y 230 casos anuales de paludismo. Se estima que existen cerca de 300 millones de casos cada año. En todo el mundo las muertes al año se sitúan en alrededor de los 2,5 a 3 millones de personas, la gran mayoría corresponden al continente africano y el resto a la India, Sri Lanka y Brasil.

¿Cómo se produce?

La infección se produce a través de una especie concreta de mosquito denominado Anopheles. Así la aparición de la enfermedad en los distintos lugares del mundo va a ir ligada a la relación entre el mosquito y el parásito.

El mosquito llevará en sí una forma evolutiva del parásito que tras la picadura en el humano será inoculada en el torrente sanguíneo. Posteriormente el protozoo pasará a las células del hígado de forma que se introducirá en ellas donde pasaran a una forma evolutiva más madura. Esta fase podrá ser más larga o más rápida en función del subtipo de plasmodium que sea. Posteriormente el parásito pasará de nuevo a la sangre invadiendo los propios glóbulos rojos de la sangre donde tras 48-72h de maduración salen de nuevo de los glóbulos rojos destruyéndolos. Algún subtipo de plasmodium produce en ocasiones la adhesión de los glóbulos rojos a las paredes de los vasos produciendo obstrucciones en el paso de la sangre y fenómenos de falta de riego en órganos como el corazón o el cerebro.

Se conocen casos de transmisión congénita y por transfusión sanguínea o el uso de agujas contaminadas.

Sintomatología

El período de incubación de la enfermedad varía entre 8 y 30 días. En todas las especies de plasmodium, la sintomatología está caracterizada por la clásica crisis febril palúdica que consiste en un cuadro que comienza con unas horas de malestar general, dolor de cabeza y molestias musculares, para posteriormente aparecer escalofríos con intensa sensación de frío, que requiere cubrirse con abundante ropa, coincidiendo cuando los parásitos rompen los glóbulos rojos y escapan hacia la sangre. Tras este periodo que dura de 15 a 60 minutos, aparece el período febril, con enrojecimiento facial, piel seca y elevación de la temperatura que pueden alcanzar hasta los 41 °C. Este episodio suele durar 2-6 h y durante esta fase es posible que los parásitos invadan otros glóbulos rojos. El tercer período se caracteriza por gran sudación, descenso de la temperatura, abatimiento y somnolencia. Este período suele durar 2-4 h. Esta sintomatología se repetirá por ciclos de 48-72 horas según el subtipo de plasmodium.

El paciente podrá presentar síntomas más inespecíficos derivados de la anemia producida por la destrucción de glóbulos rojos, así podrá presentar síntomas como cansancio, palidez, taquicardia, coloración amarillenta de la piel entre otros. En la exploración física se evidenciarán agrandamiento del bazo y del hígado.

Existe un tipo de plasmodium muy agresivo denominado Plasmodium falciparum que con frecuencia produce complicaciones en otros órganos, en muchas ocasiones debidas a un fenómeno de falta de riego. Así puede producir alteraciones a nivel cerebral, del riñón, alteraciones de la coagulación, bajo azúcar en la sangre, entre otros.

Diagnóstico

El diagnóstico se confirma mediante la visualización al microscopio de los parásitos dentro de los glóbulos rojos mediante diferentes técnicas. La más usada es la denominada como Gota gruesa, que consiste en obtener una muestra de sangre y analizarla al microscopio y permite conocer si existe infección malárica aunque no es capaz de diferenciar el subtipo. Para ello será necesaria una extensión de sangre teñida con diferentes colorantes y llevar a cabo un estudio microscópico más detenido.

Existen kits para el diagnóstico rápido de paludismo con bastante fiabilidad, sin embargo no distinguen bien el tipo de plasmodium y además suele ser casi siempre para detectar el subtipo Falciparum.

Se investigan otros procedimientos como la detección mediante técnicas de ingeniería genética del material del genoma del parásito, sin embargo este resulta un sistema poco económico.

En un análisis de sangre rutinario podremos encontrar un recuento de glóbulos rojos disminuido, y en ocasiones un aumento de glóbulos blancos. Aparecerá elevación de los niveles de LDH y Bilirrubina.

Tratamiento

La malaria por Falciparum siempre requerirá hospitalización. En general el tratamiento va a depender básicamente del área geográfica donde se ha producido la infección, dado que existirán regiones resistentes a unos tratamientos.

Normalmente, la cloroquina es el fármaco utilizado con más frecuencia, aunque no debe de emplearse en niños, ya que puede ocasionar efectos secundarios importantes, especialmente a nivel de la visión. Sin embargo en caso de infecciones resistentes a la cloroquina, se suministrará la quinidina o quinina que debe de utilizarse con precaución por sus efectos tóxicos, o la combinación de pirimetamina y sulfadoxina. Otro fármaco útil es la mefloquina, el cual tiene mínimos efectos secundarios y es efectivo frente a las cepas de Plasmodium Falciparum resistentes a la cloroquina.

Para prevenir recaídas de la enfermedad se utiliza fosfato de primaquina que además es especialmente útil para aquellos subtipos de plasmodium que tienen tendencia a permanecer latentes en el hígado, donde el resto de tratamientos tienen menos efectividad.

Medidas preventivas

Las medidas preventivas se van a basar en evitar la picadura del mosquito y la administración de fármacos antiparasitarios.

En general en las regiones del mundo donde existe paludismo la población puede haber desarrollado inmunidad frente a la infección, por ello será en aquellos visitantes procedentes de zonas sin malaria en los que la enfermedad se trasmitirá con más frecuencia. Por ello se recomienda el uso de fármacos antipalúdicos a aquellas personas que van a viajar a zonas con malaria. Se debe consultar con tiempo a su médico con el fin de comenzar el tratamiento 2 semanas antes de llevar a cabo el viaje e incluso mantener el tratamiento hasta 4 semanas después.

El tratamiento farmacológico empleado dependerá del área geográfica del viaje y la resistencia o no a cloroquina. En general el tratamiento incluirá los siguientes fármacos: mefloquina, atovaquona/Proguanil y doxiciclina.

Sin embargo las personas que reciben medicamentos contra el paludismo pueden infectarse. Por lo tanto, se debe evitar la picadura del mosquito usando mallas en las ventanas, repelentes contra insectos y prendas de vestir que cubran completamente manos y piernas
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transplantes

Desde enero se han realizado en Navarra 4 trasplantes de corazón, 13 de hígado y 21 de riñón





Pamplona.- En Navarra se han realizado 21 trasplantes de riñón, 13 de hígado y 4 de corazón en lo que va de año, unas cifras que "ensalzan la solidaridad de quienes de forma desinteresada deciden contribuir a salvar otra vida", según se ha puesto de manifiesto hoy en la Feria de la Salud.
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(EFE)

Un equipo de cirujanos opera a un paciente.

Avanzar hacia una mayor concienciación ciudadana es todavía un reto en el que se está trabajando para reducir las listas de espera, según ha precisado el Ejecutivo foral en un comunicado en el que informa de que en Navarra, 80 personas aguardan un trasplante renal, 20 necesitan un hígado y 3 un corazón.

Estas cifras han sido aportadas por el coordinador autonómico de trasplantes del Gobierno de Navarra, Juan José Unzué, en el marco de la celebración de la primera edición de la marcha deportiva "Donar es dar vida" que se ha organizado dentro de los actos de la Feria de la Salud.

La ceremonia de entrega de premios a los participantes en la prueba se ha desarrollado en el Baluarte de Pamplona y ha estado presidida por la consejera de Salud, María Kutz.
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jueves, 30 de octubre de 2008

Crece la amenaza de las enfermedades infecciosas

Cada año mueren al menos 170,000 estadounidenses debido a enfermedades infecciosas, y este número podría aumentar de forma dramática ante un brote importante.

El informe, Gérmenes globales: por qué las enfermedades infecciosas son una amenaza para EE. UU., publicado el miércoles por la organización Trust for America's Health (TFAH), anunció esta noticia nefasta.

La globalización, el aumento de la resistencia a los medicamentos y el cambio climático están entre los factores que contribuyen a la creciente amenaza de las enfermedades infecciosas, de acuerdo con el informe, que enumera algunas de las amenazas más peligrosas a las que se enfrenta EE. UU. hoy día:

* Enfermedades emergentes como la epidemia potencial de gripe aviar y otras enfermedades nuevas como el síndrome respiratorio agudo severo (SRAS).
* El Staphylococcus aureus resistente a la meticilina (SARM), que es la sexta causa de muerte en los Estados Unidos. Más de 90,000 estadounidenses han contraído el SARM.
* La hepatitis C. Cerca de 3.2 millones de estadounidenses tienen infecciones por hepatitis C, lo que equivale a $15 mil millones al año en gastos de atención de la salud.
* El VIH/SIDA, que afecta a unos 1.2 millones de estadounidenses. El año pasado, EE. UU. invirtió $23.3 mil millones en atención médica, investigación, prevención y otras actividades relacionadas con el VIH/SIDA.
* Han vuelto a emerger enfermedades como el sarampión, las paperas y la tuberculosis, que casi se habían erradicado de Estados Unidos.

"Las enfermedades infecciosas ya no son una crisis de los países en desarrollo. Son una amenaza real hoy día en EE. UU.", advirtió Jeffrey Levi, director ejecutivo de TFAH, en un comunicado de prensa emitido por la organización.

"Las enfermedades infecciosas pueden aparecer sin ninguna señal de advertencia, a través de las fronteras, con frecuencia antes de que las mismas personas sepan que están enfermas. Los estadounidenses somos más vulnerables de lo que creemos, y nuestras defensas de salud pública no son tan fuertes como debieran", dijo Levi.

Las defensas de EE. UU. contra las enfermedades infecciosas emergentes son inadecuadas, ya que hay deficiencias en la vigilancia, vacunas, pruebas y tratamiento, apuntó el informe. Estas deficiencias podrían conducir a consecuencias serias para el sistema de salud, la economía y la seguridad nacional del país.

"El estado óptimo de preparación contra las enfermedades infecciosas emergentes, reemergentes e introducidas de forma deliberada exige un entrenamiento profesional y adecuado financiado por la infraestructura de salud pública", señaló en el comunicado de prensa la Dra. Kathleen F. Gensheimer, epidemióloga de la división de enfermedades infecciosas del Departamento de Salud y Servicios Humanos de Maine.

"Las epidemias, pandemias y otras emergencias de salud pública requieren de un buen laboratorio de diagnóstico de salud pública y un sistema de vigilancia epidemiológica sólido para detectar anormalidades en las tendencias de las enfermedades a fin de ofrecer una respuesta rápida y acciones preventivas focalizadas de manera puntual", destacó.

La organización instó a mejorar las capacidades del país para combatir las enfermedades infecciosas emergentes a través de un esfuerzo federal bien financiado, coordinado con iniciativas internacionales y diseñado para fomentar avances públicos y privados en investigación, diagnóstico de última generación, tratamientos y vacunas.

Entre una serie de recomendaciones, el informe señaló que el gobierno de EE. UU. debe:

* Coordinar esfuerzos con los gobiernos locales y estatales para ofrecer los recursos necesarios a fin de crear y mantener la capacidad de salud pública del país para responder a las enfermedades que ocurren de forma natural y al bioterrorismo.
* Impulsar su liderazgo para mejorar la capacidad global con el objetivo de responder, controlar y eliminar las amenazas de enfermedades infecciosas.
* Mejorar y promover la implementación de un sistema integral de vigilancia para las enfermedades infecciosas globales.
* Desarrollar una amplia agenda de investigación en todo el ámbito gubernamental de varios años para la prevención y control de las enfermedades infecciosas emergentes en colaboración con organizaciones de salud pública locales y estatales así como con expertos académicos y de la industria.
* Reclutar, conservar y entrenar a profesionales de salud pública con la capacidad de identificar, verificar, prevenir, controlar y tratar las enfermedades infecciosas emergentes.
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